Tras el paréntesis…¡Bienvenidos!

Nos fuimos de vacaciones con un panorama muy agitado y nada ha cambiado al regreso. La crisis se ha agudizado y el pesimismo se instala cada vez más en la sociedad… Es como si hubiera una certeza colectiva de que no hay soluciones y que lo que nos queda es la resignación. Es la consecuencia de la cerrazón política de unos inútiles, empeñados en adelantar unas elecciones con cuatro meses por delante, cuando el sentido común dice que si la situación es insostenible, el adelanto debe ser inmediato y a estas alturas ya deberíamos haber votado o estar a punto de hacerlo.

Desde que Zapatero decidió convocar elecciones, el Gobierno no ha dado ni una. No sólo se ha perdido en medidas insuficientes y a medio gas, sino que hay una alarmante descoordinación con rectificaciones constantes; y para colmo, el PSOE es un camarote de los “Hermanos Marx”, donde Rubalcaba y los suyos tratan de colocarse a codazos en medio de una extraña bicefalia donde cada vez es más difícil saber quién manda y quién obedece.

La economía sigue siendo la madre de todas las batallas. Además es algo que nos sobrepasa, que está condicionado a un mundo cada vez más globalizado donde la crisis no da tregua. Resisten mejor quienes se han preparado para ello y nos vamos a pique quienes no hemos sabido afrontar la situación, tomar medidas y aplicar las recetas… que ahora llegan tarde, mal e insuficientes. España, desgraciadamente, ya no es el símbolo de calidad y de pujanza de hace años. Se ha dilapidado un ingente capital y se quiere enmascarar la situación con la “enfermedad” de la crisis global. Tanto dispendio, tanto tirar de la cuerda, ha hecho que ésta se rompa y ahora debemos cuestionarnos realmente dónde está nuestro estado del bienestar, cuánto nos cuesta y si podemos pagarlo, porque es un hecho que “jauja” no puede durar toda la vida. Somos más pobres, nuestra competitividad se gana a golpe de despido y eso es un drama para los 5 millones de parados que tenemos. Es injusto y una gran mentira, porque si crecemos algo, es a base de reducir uno de los cocientes: el de los trabajadores.

Este es un gran país que ha demostrado en muchas ocasiones su fuerza y su capacidad de sacrificio. La desmovilización general de la sociedad que Zapatero y sus muchachos han propiciado, se ha tornado en apatía, indignación, y en una parálisis de la que urge salir. La receta se llama “confianza”, pero esta parece que al Gobierno ya no le interesa demasiado, sabedor de que tiene que resignarse a una gran derrota y que el que venga, “que arree con el problema”.

El PP no lo tiene nada fácil. Hereda un país en ruina, obligado a grandes sacrificios. Tendrá que tomar medidas impopulares y soportar que los sindicatos y el manipulado 15M, harán de la calle un manifestódromo. Dijo Rajoy esta semana en el Congreso, que a los españoles hay que decirles la verdad de dónde estamos y hacia dónde vamos. Cuanto antes asumamos la grave situación, más futuro tendremos. Cuanta más sinceridad, más realismo y más confianza. No valen los paños calientes, hay que actuar y hacerlo muy deprisa porque el tiempo ya se ha agotado. Mariano Rajoy tendrá en sus manos la oportunidad de intentar obrar casi un milagro, que para que todo sea más difícil, tendrá que sortear una crisis internacional a veces incomprensible, con parámetros que siguen siendo desconocidos en muchos factores y con enemigos fantasmas que ni los más avezados analistas financieros son capaces de explicar.

Este es el panorama que tenemos después de un verano donde ha habido de todo, ¡hasta una reforma de la Constitución!, algo que hasta ahora parecía imposible, porque sólo plantearla provocaba rasgado general de vestiduras… Y mientras todo esto pasa, seguimos enfrascados en debates territoriales de patio de colegio, en maniobras de distracción absurdas, porque la nuestra es una sociedad madura que ya no se deja engañar por los cantos de sirena de la propaganda… Puede que seamos apáticos, pero no tontos…¡Poco han cambiado las cosas en estos meses!

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