Que en plena crisis económica y de prestigio del país, haya quien desde las instituciones se vanaglorien de realizar determinados gastos para una gran mayoría incomprensibles, es el peor favor que se puede hacer a España. Claro que si nos fijamos en su pasado y nos detenemos en su identidad política, no es descabellado pensar que son de esos que piensan que “cuanto peor le vaya a España, mucho mejor”…
El episodio de los 50 viajes internacionales en dos años del Sindic de Greuges, el que podríamos definir como Defensor del Ciudadano en Cataluña, es de un despropósito sideral. Que una persona elegida por una Comunidad para defender los intereses de sus ciudadanos se dedique a utilizar el presupuesto para viajar por todo el mundo en razón de otra representatividad, en este caso como presidente del capítulo europeo del Instituto Internacional del Ombudsman, es un auténtico insulto a la inteligencia y un caso de desvergüenza manifiesta.
El Sindic de Greuges, como los defensores del ciudadano en toda España, está muy cuestionado porque no parece razonable que en el momento actual haya 17 defensores del pueblo. Tiene un presupuesto cercano a los 8 millones de euros anuales, una cantidad desproporcionada. El cargo lo detenta Rafael Ribó, quien fuera un activo militante del PSUC, que está claro que se ha habituado ya a la buena vida abandonando la defensa a ultranza de los valores de la izquierda comunista catalana. Con todo el desparpajo ha admitido en aras del prestigio, sus viajes por los cuatro puntos cardinales del planeta. No es una broma que en viajes se haya gastado 83.000 euros y trate de venderlo como un gran prestigio para Cataluña. ¿En qué han beneficiado esos viajes a los intereses de los ciudadanos catalanes?… ¿Le han servido para la defensa de sus problemas ante las administraciones o las empresas?… La respuesta es clara: en nada. Y han sido los impuestos ciudadanos los que han pagado los viajes para que este señor diera conferencias que, por supuesto, ha cobrado.
¿Cómo queremos ganar prestigio cuando suceden estas cosas?… ¿Cómo queremos pedir sacrificios a los ciudadanos cuando hay quien se sigue pegando la gran vida a cuenta de los sufridos contribuyentes?… ¿Cómo queremos que se nos mire con seriedad en Europa cuando hay quienes se empeñan en gestionar el dinero de las instituciones como si no tuviera dueño?… Si a eso sumamos que ayer mismo supimos que la nueva cárcel de Navarra cuenta con una piscina privada que ha costado más de 500.000 Euros y que no va a funcionar porque no hay los 50.000 euros que cuesta mantenerla al año, o que en las más de 700 celdas se ha instalado una televisión de plasma en cada una de ellas, nos daremos cuenta de que el despilfarro, la falta de decencia y el atentado a la credibilidad en la gestión siguen siendo una constante en un país que está al borde de la intervención.
Nada de esto tiene que ver con el Gobierno actual, que se afana en buscar soluciones a la crisis, pero todo lo que sale nos pone frente a la realidad de lo que hemos tolerado y de lo que ahora pagamos: un ejercicio irresponsable del poder al que hay que decir basta y del que hay que echar, digo bien echar, a tanto desalmado que ha perjudicado nuestra economía y nuestra imagen en un mundo globalizado, en el que nos está costando sangre, sudor y lágrimas volver a entrar.
Este señor dice que ha llevado el prestigio de la senyera por todo el mundo,como si ahora llevar la bandera de una comunidad fuera una inversión.Además dice que aprovecha los viajes para leer.El culpable no es él sino quién se lo autoriza.Es un cara dura que terminará por irse a Nueva Zelanda para leerse los libros de una tacada.No nos podemos permitir personajes con esta cualificación moral,ni Cataluña puede gastarse miles de euros en difundir su bandera por el mundo entero porque no es una prioridad y no aporta beneficios.Estas cosas son las que cuestiona la existencia de las regiones porque están más ocupadas en satisfacer sus aires de grandeza que en gestionar para los ciudadanos.Los catalanes no se merecen gestores con tanta jeta que además se quieran reir de todos.