Tirando de sensatez, es innecesaria la radicalización nacionalista que ha tomado CiU y somos muchos los catalanes que rechazamos sus agresiones al resto del país. Que Oriol Pujol, aspirante a delfín de Convergencia, aludiera al conjunto del Estado como “el agua podrida que nos ahoga”, no sólo está fuera de lugar, es injusto, innecesario y absurdo, sino que manifiesta una deriva que en nada beneficia a Cataluña. La mayoría de la población catalana piensa que su comunidad es parte esencial de España y la pertenencia al país enriquece a todos. No concibo Cataluña sin España y España sin Cataluña; por eso no comprendo que un partido cuya historia es pareja al desarrollo de nuestra comunidad, se desmarque ahora con unas posiciones tan duras que jamás han sido su estilo ni su forma de hacer política… Aunque algunos piensen que sí.
El hijo de Jordi Pujol debería tomar nota de su padre y hacer la política que él protagonizó en otro tiempo de la historia. Es verdad que la frase a la que alude es de su padre, pero eran otros tiempos. España era una dictadura y el régimen se negaba a reconocer las peculiaridades de las nacionalidades españolas. Hoy disfrutamos de un democracia que nos ha costado mucho, en la que hemos invertido mucho esfuerzo, ilusión y esperanza. Ese país ha demostrado que es posible la convivencia, trabajar en conjunto… No puede ser que empleemos la fuerza y la estrategia en destruir, en separar, en buscar una rivalidad absurda en la que una mayoría social no cree. Mucho más absurdo es hacerlo en un momento tan delicado como el actual, donde más que nunca se necesita sumar, unir esfuerzos y buscar soluciones comunes.
Quienes en esta época se dedican a torpedear la convivencia, quienes son incapaces de arrimar el hombro, de utilizar sus diferentes puntos de vista para aportar ideas nuevas y posibles que ayuden a encontrar el futuro, sobran en la política, no tienen hueco en una sociedad moderna. Los liderazgos se construyen con ilusión, imaginación y esfuerzo. No hay espacio para la confrontación, para crecer a costa del insulto, de ejercer el victimismo y cultivar el agravio comparativo… Oriol Pujol tiene el mejor maestro. Pujol, en su ejercicio político, fue una referencia para Cataluña y para España, hasta el punto de que apoyó gobiernos de diferente signo para lograr el bien común. No puede ser que ahora, quien ostenta su apellido, quiera emular la etapa de su padre para destruir lo que él con tanto esfuerzo construyó.
Había una vez un paleto que pensaba que su tierra era la mejor, y es que el pobrecillo no había salido de su tierra.
Había otro paleto que creía que su tierra era la mejor en base a que sus gentes eran superiores -por distintas- a los vecinos… por la diferencia de sangre.
Había otro paleto que dejó de serlo porque salió, vio mundo, comparó y dejó de comparar. Llegó al convencimiento de que nada es mejor ni peor por ser distinto y que no se debe confundir patriotismo con nacionalismo.
Como dijo Cela: «patriota es el que ama a su tierra por encima de otras; nacionalista es el que cree que su tierra es la mejor».
El nacionalismo catalán, o vasco o librepensionista se apoya en que nuestro patriotismo español está tan difuminado que pueden campar a sus anchas sin justiprecio.
A lo mejor, también, es culpa de la secular leyenda negra que vamos arrastrando con eso tan difuso como es «lo español», que también puede ser.
Saludos