Cayó La Británica.

¿Podrá internet con las publicaciones en papel?… Esta es una de las grandes incógnitas porque el papel, bien sea en libros o en prensa, sigue teniendo gran penetración entre los ciudadanos, pero está claro que lo digital está comiendo terreno a velocidad de vértigo. Hablo de esto porque tengo la impresión de que ayer conocimos un detalle muy elocuente de lo que está pasando, ya que se anunció que la Enciclopedia Británica, tal vez la publicación de estas características de más prestigio en el mundo, deja de editarse en papel y se queda definitivamente alojada en internet. Evolucionará como lo hace el mundo y como lo ha hecho la propia enciclopedia en sus casi dos siglos y medio de existencia, pero el papel será historia ya que se quedará alojada en la red, donde hará la competencia a la popular Wikipedia, que con todas sus incorrecciones ha sido la punta de lanza de este tipo de publicaciones en la red. Seguro que la calidad de la Británica es muy superior, pero quien da primero da dos veces, Wikipedia tiene mucho camino recorrido y tal vez por eso los editores de la Británica quieren dejar de ser enciclopedia de pago y estudian abrir sus contenido de forma gratuíta, ya que en este momento consultarla a fondo cuesta 70 dólares.
En la década de los 80 y 90 las enciclopedias eran uno de los artículos de lujo de calidad en familias, una ventana abierta al mundo y a los conocimientos, una herramienta imprescindible del saber para quienes cursaban estudios. En EEUU, que es donde ahora radica la editorial de la Enciclopedia Británica, se vendieron en los 90 120.000 ejemplares, mientras que en el 2010 apenas ha llegado a los 8000. Claro que los 32 volúmenes actuales cuestan la friolera de 1.395 Euros y en los almacenes de la editorial quedan todavía 4000 ejemplares. En España enciclopedias tan importantes y de tanta calidad como la Espasa o la Rialp o el Diccionario Enciclopédico Salvat, tuvieron también su hueco y fueron sinónimo de calidad y prestigio, pero el tiempo las fue haciendo viejas y con la llegada de internet se quedaron para decorar algunas estanterías.
Nos tenemos que acomodar a un mundo nuevo e internet oferta posibilidades que antes no teníamos. Hoy se puede acceder a cualquier dato desde nuestro teléfono y ya no es necesario acudir al voluminoso texto de la librería de casa para saber algo en un momento concreto. Los niños se decantan claramente por la red y cada vez más estudian on line, accediendo a apuntes y textos que los propios centros de estudio difunden por la red.
En materia de conocimiento, diccionarios y enciclopedias comienzan a decantarse definitivamente por internet. Otra cosa son los periódicos, donde el papel tiene todavía mucha influencia. Sin embargo, cada vez son más las plataformas de descarga de los diarios en internet y a medida que se universalizan estos soportes, ganan terreno. Mucho me temo que el paso de los años, muy pocos, llevarán a la prensa generalista a la red, para dejar sólo lo muy especializado en el papel… Muy pronto descubriremos la solución.  

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2 comentarios

  1. Caerán todas Mireia porque internet es imparable en su avance y es lo que usa ahora todo el mundo.Aunque el papel es muy importante y es historia de la civilización, es un hecho que todo aquello que evoluciona,que es cambiante,hace que el soporte de papel se quede caducado.En pocas generaciones habrá pasado a mejor vida y será bueno para el medio ambiente aunque no se muy bien si será bueno para la cultura.Guardar todo en bites tiene muchos riesgos y eso es algo que hay que asumir y buscarle una solución con soportes tan duraderos como el papel que hoy todavía no existen.

  2. El progreso no para.
    Seguro que más de uno de los que aquí participan se habrá dado un garbeo por alguna librería de viejo. Hay una en Oviedo -que no sé si habrá cerrado ya- que inunda los sentidos.
    Nada más entrar pisas un suelo de maderas crujientes y centenarias (creo que lleva abierta desde 1850). Llama la atención el aparente desorden en el que se apilan libros de todas las épocas. Es una maravilla ojear los dibujos y grabados que adornan las páginas de la mayoría de ellos. Lo mejor, sin duda, es el dueño. Para mí siempre fue un señor mayor que todo lo controlaba tras sus enormes gafas de pasta color marrón.
    «¿Tiene usted un Prontuario del duelo del año…?»
    … «sí, creo que tengo un ejemplar por aquí».

    Y con precisión meridiana se subía a la vetusta escalera y atinaba con el lugar donde se escondía el ejemplar requerido.
    «Si no le importa y si estuviera en ese estante, querría un Jorobado de Paul Féval».
    «Ah, para eso tengo que ir a otro estante… ¿Qué edición querría?»
    Maravilloso.
    Este ejemplo de lo que se llama «librería de viejo» será visto dentro de unos años como chic, ya lo verán ustedes.
    Por el momento me sigue gustando el tacto y el olor que desprenden los libros. Esto de tener la vista en horizontal a la pantalla es para lo que es.
    Saludos

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