Un grito de hartazgo y de justicia.

Un estudio sindical dado a conocer ayer demuestra que se agranda la brecha salarial entre hombres y mujeres. Y lo que es más grave, no es algo que dependa de la crisis… Después de 5 años de convergencia entre los salarios de hombres y mujeres, la brecha se abre de nuevo. Según el estudio, hoy en España las mujeres cobran una media de un 22% menos que los hombres por trabajos similares. Esto como generalidad, porque si particularizamos, el asunto es mucho más grave, porque para igualar el salario de un hombre sin estudios, una mujer debe tener formación profesional o diploma universitario. ¿Es esto un índice de modernidad en un país que se dice desarrollado? La respuesta es tajante: es un claro índice de retroceso social y todas las medidas que se tomen para revertir esta situación son pocas.
No concibo que en pleno siglo XXI, en el corazón de la vieja Europa, en países que nos consideramos modernos y ya con tradición evidente del trabajo de la mujer, siga habiendo estas grandes diferencias. Me da exactamete igual el grado, simplemente es que no hay razón para que las haya. Puede haber trabajos específicos de uno u otro sexo, pero no tienen por qué tener diferente retribución. Si hablamos de la actividad científica, la diferencia entonces es atroz, más de un 30% de diferencia salarial. Una situación que no debería ser tolerada porque es la sociedad la principal perjudicada.
Hombres y mujeres a igual trabajo deben de tener igual salario. Va siendo hora que los puestos directivos se elijan por capacidad y preparación y dejar de una vez los atavismos de que los hombres ocupan esos puestos con mayor eficacia. Hay suficientes ejemplos de la capacidad de mando de la mujer, una capacidad demostrada y contrastada, y que ya es norma en muchas empresas que sí han apostado por la igualdad y por la eficacia en el resultado. Sólo los más retrógrados, los que se anclan en un pasado que ya es historia, frenan el desarrollo de sus productos y sus proyectos al marginar a la mujer.
El mío no es un grito feminista, es un grito de justicia, de hartazgo y de deseo de que las sociedades midan a sus miembros por sus capacidades, por su compromiso y por su formación. Somos muchas las que queremos que se nos reconozca por nuestro trabajo, dejando al margen «tics» machistas y paternalistas que sólo quieren recluirnos al papel de meros floreros.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *