Cuando los españoles sitúan reiteradamente en las encuestas a la política y a los políticos como el tercer problema de este país, no lo hacen exclusivamente por la situación de crisis que atravesamos. Si sólo fuera por esto, la valoración del problema se hubiera modulado en función del estado de ánimo de la población cuando se hace la encuesta, pero es que cada oleada que se hace, la cosa va a peor. La causa la estamos viviendo estos días.
Los escándalos que salpican la vida pública española no son nuevos. Acucian ahora de forma incesante al PP, como en su día acabaron con buena parte del crédito del PSOE. Son hechos que debemos achacar en primer lugar a que hay personas carentes de escrúpulos, pero también a la incapacidad de los políticos de “ponerle el cascabel al gato”. En lugar de limpiar, acuden a un sistemático “y tú más”, que ya cansa, que agota la paciencia de todos y que hace que los ciudadanos acaben por alejarse de todo lo que signifique la política. Y eso es gravísimo, porque la política es imprescindible como motor en la sociedad y la participación ciudadana, es el pilar fundamental de la democracia. Si falla este pilar, encuentran nicho los “salvapatrias”, de los que Dios nos libre siempre.
Tan importante como luchar por la salida de la crisis empieza a ser un pacto por la regeneración de la vida pública. Un pacto que sea capaz de unir, que establezca un techo de cristal y manos limpias, y que sea inmisericorde en el castigo a los corruptos. Que sobre ellos caiga el peso de la ley con todas las consecuencias.
Sin embargo lo que hemos visto este fin de semana no va por ese camino, porque hemos vuelto a escuchar el cansino “y tú más” y a una oposición obsesionada por arrinconar al PP más de lo que ya lo hace la crisis. Ese no es el camino. El PP no debe defraudar en su anuncio de repasar todo y aclarar todo, pero el PSOE, que tan pocas lecciones puede dar en este campo, debería buscar el acuerdo y el consenso en las normas de regeneración… Si seguimos obsesionados con machacar al adversario con lo que sea y a costa de lo que sea, peor futuro le espera todavía a nuestra vida política y con ella a nuestro país.