En aras de la libertad todo no se puede consentir, porque se dará paso al caos y con ello a la degradación progresiva de la sociedad. Si además ese caos se instala en las aulas, estaremos hipotecando el futuro… En aras de una falsa libertad y una mucho más falsa progresía, se ha consentido mucho en las aulas españolas. Tal vez es que había que acabar con el concepto de la “disciplina”, porque podía tener connotaciones del antiguo régimen. Este complejo, hay que llamarlo así porque es lo que en realidad ha sido, ha dado pie a una situación de conflictividad grave y cada vez más creciente. El resultado es un sistema educativo cuestionado en muchos aspectos y que da lugar a unas cifras de fracaso escolar realmente preocupantes.
La solución sólo puede venir de la mano de una acción conjunta, de un Pacto de Estado por la educación y sacar a ésta de una vez por todas de la pelea partidaria. No puede ser que el modelo cambie constantemente, ni que la transferencia de la materia a las Comunidades se transforme en una competición nada positiva para los alumnos, los verdaderos protagonistas de nuestro futuro. El colmo es que se cambie la historia o se manipulen las materias para adaptarlas al capricho de algunos gobiernos autónomos obsesionados con remarcar su propia identidad.
Ayer conocimos el informe del Defensor del Profesor que creó el sindicato ANPE en 2005, ante la progresión de los problemas de los profesores en las aulas. Los datos son preocupantes porque hablan de un importante número de denuncias, con una escalada en la profundidad de los problemas como las faltas de respeto, el acoso, las amenazas o lo que es más grave, las amenazas de padres a los profesores. Realmente siento vergüenza de que haya actitudes como éstas, que este tipo de problemas se disparen en una sociedad que se dice «avanzada» y que no haya consenso a la hora de dotar al profesor de la necesaria autoridad para imponer la disciplina en las aulas.
A estas alturas no me puedo creer que haya nadie que envíe a sus hijos a un centro escolar pensando que el profesor maltrata o abusa. Además,hay mecanismos de evaluación contrastados para defender los derechos de los alumnos. Cuestionar la autoridad del educador y ceder a las presiones de algunos padres, que justifican su falta de atención por los hijos respaldando las críticas que éstos hacen a sus profesores, sólo empobrece la calidad de la educación, mal educa a los jóvenes e hipoteca la formación de las futuras generaciones. El Gobierno trata de devolver la autoridad al profesor, pero como la oposición usa todo en la batalla política, no se va a conseguir el efecto deseado salvo que se actúe sin medias tintas, sin complejos y asumiendo que ésta sí que es una reforma de calado que la sociedad española necesita urgentemente.